Aprende a vivir lejos de las deudas

Préstamo, crédito o hipoteca son palabras que se han adherido a nuestra rutina casi como el decir «buenos días» por la mañana. Nos hemos acostumbrado a convivir con las deudas hasta el punto que resulta misión imposible encontrar a alguien que nunca haya contratado un préstamo o tirado de la tarjeta de crédito para comprar algo.

Pese a convertirse en algo habitual, seguimos teniendo el mismo conocimiento de la materia (y sobre finanzas domésticas, en general) que hace decenas de años: casi ninguno. Y si a ello le unimos el excesivo consumismo actual y la facilidad para acceder a créditos rápidos, el resultado es el de una sociedad inevitablemente unida al crédito.

Todo lo que aquí pueda decirte para ayudarte a salir de las deudas no tendrá la misma efectividad si no has aprendido antes a gestionar correctamente tu dinero siguiendo los consejos que te indico en esta página. Por eso te recomendaría que les echaras un vistazo.

Dicho ésto, voy a hablarte de cómo luchar contra las deudas desde una doble perspectiva: evitando contraerlas (prevención), y buscando la mejor vía para reducirlas (solución-corrección).


Di ‘NO’ a las deudas

No siempre es fácil vivir sin endeudarse, sobre todo cuando hablamos de adquirir una casa o un coche, pero sí que podemos evitar recurrir al dinero prestado cuando se trata de comprar otros bienes o servicios (un teléfono móvil, una televisión, un viaje…).

Para evitar el endeudamiento en cuanto sea posible aplícate las siguientes reglas:


No trates al Banco como si fuera tu amigo

Parece mentira tener que aclararlo, pero un Banco no es un amigo, sino una empresa que quiere ganar dinero comercializando productos bancarios. Para ellos las personas somos potenciales clientes o consumidores dentro de un mercado de productos demasiado complejos para la mayoría de los mortales (y hasta para la Justicia).

Por eso mismo, asume que si tu banco intenta venderte uno de sus productos no te está haciendo ningún favor, sino todo lo contrario: tu Banco gana dinero, pero tú lo pierdes a largo plazo.


Finánciate a tí mismo: ahorra primero y paga después

Una de las principales causas de endeudamiento es que muchas personas viven bajo el mantra del cómpralo ya y luego ya lo vas devolviendo en cómodos plazos en lugar de ir ahorrando dinero para comprar en un futuro, ya sea por no saber ahorrar o por impaciencia. Pero financiando tú mismo te estás haciendo gastar más de la cuenta, porque no pagas el precio de venta de algo, sino su precio más intereses y comisiones.

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¿Qué es el tipo de interés?

Se entiende por «tipo de interés» el beneficio obtenido por prestar dinero. Normalmente lo asociamos a los préstamos y créditos que contratamos a través de Bancos y entidades financieras, pero también puede ir en sentido contrario y ser esa entidad la que nos pague a nosotros por prestarle nuestro dinero (algo que ocurre, por ejemplo, cuando abrimos una cuenta de ahorro o un plan de pensiones y «prestamos» nuestros ahorros al Banco a largo plazo). En cuanto a lo que conocemos como TIN, no es más que la abreviatura de «Tipo de Interés Nominal» y refleja, en forma de porcentaje, ese beneficio de un préstamo.


Olvídate de la tarjeta de crédito y paga siempre a débito

Una tarjeta de crédito es una trampa para muchos mortales. Esta tarjeta, en lugar de cargar el importe de una compra sobre el saldo de nuestra cuenta corriente, lo hace sobre el crédito que tiene disponible. Y ese crédito se convierte en una deuda a devolver que, generalmente, tiene unos intereses elevados.

Así que lo ideal es que nunca la utilices si posees otra de débito o tienes la posibilidad de solicitarla sin ningún tipo de gastos ni costes de mantenimiento. Pero si no te queda más remedio que usar la tarjeta de crédito, por suerte éstas suelen incorporar distintos modos de pago: fraccionado, a final de mes o a débito.

Para evitarte disgustos, asegúrate de que tu tarjeta de crédito no esté en modo de pago fraccionado o aplazado en cuotas, porque los intereses son bastante elevados. Podrás hacerlo llamando a tu Banco, accediendo a tu canal de cliente online, o a través de la aplicación para móvil que seguramente haya desarrollado tu entidad.


Construye un fondo para emergencias

Un fondo para emergencias es una cantidad apartada de tus ahorros que servirá para sacarte de un aprieto cuando necesites hacer un gasto importante, sin necesidad de recurrir al dinero a préstamo. Dicho de otra manera, es un dinero que no debes tocar salvo situación de emergencia.

Respecto a la cantidad aconsejable para este fondo de emergencias no hay una cifra exacta acordada por los expertos, quienes nos dicen que sería una cantidad equivalente a entre tres y seis mensualidades de tu nómina. Otros expertos matizan que deben ser entre tres y seis mensualidades, pero del importe total de tus gastos esenciales y obligatorios.

El fondo para emergencias es una prioridad. Así que cuando consigas ir ahorrando dinero, lo primero que debes hacer es llenar (aunque sea con unos 1.000 o 1.500 euros) este fondo, destinando el 100% de lo que hayas conseguido ahorrar cada mes.

Por otra parte debes procurar mantener este fondo separado del resto de ahorros y en un lugar al que puedas acceder rápidamente. Piensa que si lo ingresas en otra cuenta bancaria y tienes que transferirte el dinero pueden pasar unos días hasta que puedas disponer de él, y su finalidad perdería sentido. Y desde luego ni se te ocurra invertirlo en fondos, criptomonedas o cualquier historia rara.

Pero si no has podido evitarlo y has acabado endeudándote, lo interesante para tí viene ahora…


La amortización anticipada

La amortización anticipada es la aportación adelantada de dinero para saldar una deuda pendiente. En ese sentido, puede tratarse de una amortización total o parcial, dependiendo de si se adelanta el total del dinero que falta por devolver o parte de éste.

Para amortizar y reducir una deuda no nos queda más remedio que ahorrar dinero. Por eso mismo, el ahorro para liquidar préstamos y deudas debe ser una prioridad para tí, junto con la creación de un fondo para emergencias.

Es muy sencillo saber cuánto te queda por pagar en cada momento sin tener que estar llamando continuamente a la financiera: cuando uno firma un contrato de préstamo se le entrega un cuadro de amortización donde aparecen los siguientes datos:

  • Número de cuota y fecha.
  • Cantidad de la cuota.
  • Intereses.
  • Capital (o principal) amortizado.
  • Capital (o principal) restante.

Ahora veamos gráficamente cómo funciona lo anterior en un supuesto de ejemplo:

Simulación de préstamo de 10.000 euros a devolver en 6 años y con un T.I.N. del 6,95 %

Como puedes comprobar, en las primeras cuotas apenas la mitad de lo pagado sirve para reducir tu deuda, mientras que el resto va destinado a los intereses puesto que, como acabamos de ver, el interés se calcula sobre el dinero que nos falta por devolver y, conforme ese dinero va bajando, la cifra de intereses también lo hace.

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¿Cómo se calculan los intereses de un préstamo?

Imagina que tienes un préstamo del que llevas pagadas ya 26 cuotas y actualmente te queda por devolver 9.431,79 €, con un tipo de interés nominal (T.I.N.) del 6,95 % anual, y por el que pagas una cuota mensual de 121,25 €.

Como el interés es anual pero la cuota se paga mensualmente (que es lo habitual), primero hay que dividir el T.I.N. entre doce, como meses tiene un año, dando un 0,57916667 % mensual.

Hecho lo anterior, ese 0,5791667 % se calcula sobre el dinero que queda pendiente de devolver cada vez que se paga una cuota. Así, si tras pagar la cuota 26ª quedaron pendientes de pago 9.431,79 €, el 0,5791667% serían54,6257869 €. Redondeando a dos decimales tenemos54,63 €de intereses en la siguiente cuota (la 27ª).

Si la cuota que pagas mensualmente es de 121,25 € y dentro de la misma van 54,63 € en intereses, realmente sólo estás reduciendo el capital pendiente en 66,62 €. ¡Vaya chasco!

Seguir el cuadro de amortizaciones te permite asumir tus posibilidades para liquidar una deuda anticipadamente en cada momento de la vida del préstamo.

📍Ejemplo:

Imagina que quieres proponerte liquidar la deuda de arriba a los tres años. Si consultamos el cuadro de amortizaciones, podríamos ver que en la cuota número 36 quedaría pendiente de devolver (capital pendiente) unos 5.517,88 € (no aparece en la imagen porque no quería poner el desglose completo del préstamo… ocuparía demasiado).

Esos 5.517,88 € entre 36 cuotas hacen unos 153,28 € al mes. Si eres capaz de ahorrar esa cantidad mensualmente, tendrías la cantidad necesaria para cancelar tu préstamo en tres años en lugar de estar pagando cuotas durante seis años.

Además, ten presente que cada vez que quieras reducir tu deuda haciendo una aportación extra de dinero tu entidad financiera podrá cobrarte una comisión por amortización o cancelación anticipada.

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¿Qué es la comisión por amortización anticipada?

Se trata de una comisión, expresada en un pequeño porcentaje, que suele incluirse en los contratos de préstamo o crédito y que viene a decir que si se nos ocurre hacer una aportación extra de dineropara reducir total o parcialmente nuestra deuda, el Banco o la entidad que nos ha concedido el préstamo nos cobrará una comisión.

Por ejemplo: imagina que nos queda por pagar 6.451 € y tenemos una comisión por amortización anticipada del 1%. Pues si quisiéramos reducir la deuda haciendo una aportación extraordinaria de dinero, el Banco nos cobraría 64,51 € independientemente de que dicha aportación fuera de 5.000 o de 50 €. Así que la conclusión está clara: si vas a reducir tu deuda, espera antes a ahorrar una cantidad importante.


¿Amortización sobre plazo o sobre cuota?

Cuando se procede a una amortización anticipada parcial se ofrecen dos opciones alternativas: amortización reduciendo plazos o reduciendo la cuota. Cada una de ellas tiene sus ventajas y sus inconvenientes:


Generalmente los expertos suelen inclinarse por la reducción de plazos por la sencilla razón de que supone un mayor ahorro de intereses y, por tanto, menos dinero a perder a largo plazo. 

Sin embargo, se podría considerar la amortización sobre cuota en los dos casos siguientes:

  • En situaciones económicas extremas, cuando no exista otra posibilidad de reducir otros gastos.
  • Cuando se trate de una reducción de cuota considerable y que nos permita acelerar nuestra capacidad de ahorro de cara a amortizar totalmente la deuda en poco tiempo.

Y por supuesto, ten en cuenta que vas a tener que pagar una comisión por amortización anticipada parcial, así que valora si te merece la pena adelantar ahora el dinero o es mejor ahorrar un poco más.


¿Por qué deuda debería empezar?

En caso de tener varios préstamos pendientes, algunos expertos en la materia recomiendan comenzar por aquélla que tuviera la mayor cantidad de capital pendiente de pago tomando como criterio, de nuevo, el de buscar el mayor ahorro en intereses (se entiende que la deuda más grande va a generar más intereses a medio y largo plazo). 

Otros expertos hablan de emplear un sistema llamado método de la bola de nieve para liquidar deudas cuando se tienen varios préstamos y/o créditos pendientes.

🔎 EL MÉTODO “BOLA DE NIEVE”


Se comienza atacando en primer lugar la deuda a la que le quede menos tiempo para terminar de pagar destinando todos los ahorros disponibles (dejando al margen el fondo de emergencias, que no se toca) para liquidar esa primera deuda.

Una vez saldada, volvemos a ahorrar para liquidar la siguiente deuda con fecha de finalización más próxima pero, ésta vez, incrementando el ahorro mensual en una cantidad equivalente a la cuota del préstamo que acabamos de amortizar. Y así seguiremos sucesivamente hasta liquidar el último préstamo.

Te lo explicaré mejor con un ejemplo:

Imagina que actualmente tienes 1.500 euros ahorrados y eres capaz de guardar una media de 100 euros al mes. Tienes tres préstamos pendientes:

1. Un préstamo del que quedan por pagar 38 cuotas y pagas al mes 118,67 €.
2. Otro préstamo del que quedan por pagar 69 cuotas y pagas al mes 262,34 €.
3. Y un tercer préstamo del que quedan por pagar 15 cuotas y pagas al mes 155,53 €.

Vamos a centrarnos en el que termina antes, que vence dentro de 15 meses y del que actualmente restan por pagar 2.220,34 €. Siguiendo el cuadro de amortización y asumiendo tu capacidad de ahorrar, en apenas tres meses tus ahorros superarían al capital pendiente de amortizar (1.800 € de ahorros frente a casi 1.700 € de deuda pendiente).

Una vez liquidado el primer préstamo ahora serías capaz de ahorrar 255 €/mes, pero te has quedado sin ahorros. Vamos a por el segundo préstamo, del que a estas alturas quedarían 35 cuotas (recuerda que hemos pasado tres meses para ahorrar de cara a liquidar el préstamo anterior) y restarían por pagar 3.652,67 €. Si seguimos de nuevo el cuadro de amortización y tu nueva capacidad de ahorrar, en once meses tus ahorros superarían al capital pendiente de pago (2.805 € de ahorros frente a poco más de 2.500 € pendientes de pago. Otro préstamo menos, y tu capacidad de ahorro mensual ha subido hasta los 375 €/mes.

Ahora vamos a por el último al que, como ya han pasado 14 meses, le quedarían 55 cuotas y un capital pendiente de 12.401,65 €. De nuevo cogemos el cuadro de amortización y empezamos a contar en qué punto nuestros ahorros alcanzan al capital pendiente de pago. En 22 meses habríamos ahorrado más de 8.200 €, mientras que el capital pendiente de pago habría quedado en poco más de 7.900 €. ¡Fin de tus deudas!


Si te fijas bien, en sólo tres años hemos sido capaces de liquidar más de 12.200 € en deudas. Nos hemos ahorrado un buen pico en intereses y hemos conseguido la libertad casi tres años antes de lo previsto.


El endeudamiento razonable

A estas alturas, cuando ya te he pedido que aprendas a vivir sin endeudarte, ver eso de «endeudamiento razonable» te parecerá chocante. ¿No se supone que hay que vivir sin deudas?

Pues hay expertos que hablan de dos tipos de endeudamiento: el que es razonable, y el que no lo es.

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Vaya por delante que, en mi modesta opinión, no hay endeudamiento que pueda considerarse “razonable”. Aunque también soy consciente de que hay bienes necesarios que no se pueden adquirir si no es con la facilidad de un préstamo de dinero.

Por si te interesa saber más, esos expertos consideran razonable endeudarse en los siguientes casos concretos:


Compras financiadas sin intereses ni comisiones.

Podemos recurrir a esta opción (siempre que nos la ofrezca el establecimiento donde vamos a hacer la compra) si durante los próximos meses necesitamos conservar el dinero ahorrado para otras cuestiones más importantes, pero mucho ojo porque en ocasiones se ofrece un producto al 0% T.I.N. pero con algún tipo de coste adicional, como la comisión de apertura, comisión por amortización anticipada, o contratación de algún seguro o servicio adicional obligatorio y con coste.

📍Ejemplo:

Mateo quiere comprar un televisor Smart TV que cuesta 1.800 € y le ofrecen la posibilidad de financiar al 0% T.I.N. en seis meses. La cuota, clavada, son 300 €/mes. Aparentemente Mateo devolvería justo lo que cuesta la televisión, sin más.

Pero de repente observa que entre las condiciones de financiación aparece una comisión de apertura del 2%. En otras palabras: una televisión de 1.800 € le acabaría costando 1.836 € por el hecho de financiarla.

Así que antes de nada, mira con detalle todas las condiciones de financiación y observa el T.A.E. aplicado.

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¿Qué es el TAE y en qué se diferencia del TIN?

La Tasa Anual Equivalente (TAE) es un indicador más completo que el TIN a la hora de expresar el coste total de un préstamo, puesto que no sólo expresa los intereses que recoge el TIN sino que, además, también engloba comisiones y otros recargos adicionales que incrementan ese coste.

Por esa misma razón, si alguna vez has firmado un contrato de préstamo o crédito habrás podido comprobar que, normalmente, el TAE tiene una cifra porcentual mayor que el TIN.

Por supuesto, siempre que tengas alguna duda sobre uno u otro concepto consulta con el personal correspondiente de la entidad financiera u otra persona entendida en la materia antes de firmar.


Bienes que se revalorizan con el tiempo

Hay expertos que ven con buenos ojos el endeudamiento cuando se hace con vistas a que el bien comprado a plazos se venda en un periodo de tiempo no muy largo y a un precio de venta bastante mayor al de su compra, ganando un beneficio suficiente para amortizar esa deuda y que sobre. Aunque tienes que ser un poco visionario o suertudo, porque si no…

📍Ejemplo:

En la época del boom del ladrillo muchas personas se hipotecaban comprando una vivienda por 150.000 o 200.000 € (por poner un ejemplo) que, en cuestión de un periodo de tiempo breve, se revalorizaban hasta un 50% (o más) por encima de su precio de compra. Es decir: la casa que se había comprado por 150.000 € hace un par de años ahora se podía vender por 225.000 €.

Gracias a ello, el propietario vendía su vivienda, ganando dinero suficiente para cancelar anticipadamente su hipoteca y obteniendo una ganancia.


Bienes que pueden convertirse en una fuente de ingresos

Otras veces el préstamo nos puede servir para comprar un bien que, a su vez, se va a convertir en una fuente de ingresos extra. La cuestión es que esos ingresos superen al coste del préstamo porque si no… Mal negocio.

📍 Ejemplo: Otro ejemplo relacionado con el ladrillo (y más actual) es comprar una vivienda a buen precio y con una cuota mensual asequible (pongamos, de 380 €/mes) para alquilarla a un precio muy superior (1.000 o 1.200 €/mes), o incluso destinada a un alquiler turístico.


Financiación inevitable pero con buenas condiciones

No siempre se puede uno permitir el lujo de esperar a ahorrar el dinero necesario para comprar un coche (por poner un ejemplo), por más barato que lo pueda encontrar. Si te ves en esa situación, antes de nada compara entre distintas financieras o negocia con tu Banco para conseguir un préstamo con los menores tipos de interés y comisiones.


Reunifica tus deudas sólo si no te queda más remedio

Si sueles oír la radio seguro que estarás ya harto de escuchar esos anuncios de empresas dedicadas a la reunificación de deudas o préstamos, prometiendo concentrar en una sola cuota y con un coste muy reducido todos los préstamos pendientes.

Desde luego se convierte en una idea tentadora al escuchar a esa señora que “pagaba antes casi 2.300 €” y ahora paga 455 por “siete préstamos” que tenía, lo que ha supuesto “una diferencia descomunal, una diferencia increíble” y ha cambiado su vida “al 100 %”.

Y te preguntarás: ¿dónde está la trampa?

Por una parte, los préstamos para la reunificación de deudas recurren al incremento del número de cuotas, consiguiendo así reducir la cantidad de cada cuota a costa de dividir el dinero a devolver entre más número de cuotas.

Por otra parte, la cantidad que vas a abonar en intereses va a ser seguramente mucho mayor que la que te correspondería pagar en tus préstamos por separado. 

Piensa si no que puedes encontrar préstamos para la compra de un coche en torno al 5% de interés, y hasta podrías financiar algunas compras al 0% en algunas grandes superficies; mientras que los préstamos para reunificar deudas sobrepasan por norma general el 10% de interés anual.

📍Ejemplo:

Supongamos un préstamo contratado por 21.000,00 €, con un tipo de interés nominal (T.I.N.) anual del 11,95 % y a devolver en un plazo de 10 años (120 cuotas). Haciendo cuentas (o consultando el cuadro de amortizaciones proporcionado por la financiera), sale a devolver un total de 36.711,60 €. Es decir: más de 15.000 € que se añaden al dinero prestado. Una burrada.

En el mundo de los préstamos es muy importante plantar al menos un ojo en el concepto del T.I.N. y el T.A.E. Si ves porcentajes altos (y cuando hablo de altos me refiero a intereses superiores al 10 o 12 %), huye y no mires atrás.

Por otro lado, se trata de una operación donde vas a tener que pagar un buen pico en comisiones: las de los préstamos que vas a amortizar anticipadamente, y las que correspondan a la apertura o formalización del nuevo préstamo a contratar.

La única ventaja que se puede encontrar en la reunificación de deudas es la de conseguir un incremento en la capacidad de ahorro que, en ocasiones, puede ser considerable (no tanto como el de la señora del anuncio, pero sí podrías pasar de pagar un total de 800 €/mes a pagar unos 550 €/mes).

Pero aun así, antes de recomendaría que consultaras con tu entidad financiera la posibilidad de renegociar la deuda para incrementar el número de cuotas. Con ello bajarías la cuantía de cada plazo y no tendrías que re-endeudarte


La Ley de la Segunda Oportunidad

La crisis económica del año 2007 trajo consigo, entre otros problemas, un desmesurado aumento de impagos de deudas y préstamos, destacando por razones obvias los de los préstamos con garantía hipotecaria (lo que conocemos como “la hipoteca”).

Dejar de pagar la hipoteca suponía la activación de un mecanismo judicial que terminaba con una familia desahuciada de su vivienda y con una deuda todavía pendiente. 

Para poner fin a ese panorama desolador, entre otras cuestiones (permítanme que no hable de eso del “rescate a la Banca”…) se aprobaron varias leyes y normas que buscaban proteger al ciudadano frente a su Banco. Entre ellas destaca la Ley de la Segunda Oportunidad, del año 2015.


¿Qué ofrece la Ley de Segunda Oportunidad?

La Ley de Segunda Oportunidad (LSO) permite a trabajadores por cuenta ajena y autónomos que actúen de buena fe (más abajo te intento explicar qué es eso de la “buena fe”) renegociar su deuda, e incluso conseguir la cancelación total de la misma de manera anticipada cuando la deuda persiste incluso vendiendo todo el patrimonio.

📍Ejemplo:

Imagina que tienes una deuda de 95.000 € y tus bienes son una casa no hipotecada y libre de cargas que actualmente se valora en 85.000 €, un coche que han tasado en 6.500 €, y dinero en efectivo por valor de 6.210,50 €. Si vendieras tus bienes te daría para pagar toda la deuda, así que no tendrías derecho a la LSO.

Ahora imagina otro supuesto: tienes esos mismos bienes pero tu deuda en lugar de ser de 95.000 € es de 210.000 €. Aun vendiendo tus bienes te seguiría quedando una deuda pendiente de 112.500 € (y eso suponiendo con que los vendieras al precio de tasación y no por debajo). Para este supuesto, la LSO te permite renegociar o incluso cancelar esos más de 100.000 € de deuda que te quedarían, siempre y cuando cumplas con las condiciones que exige la Ley.

Eso sí, la LSO no permite la cancelación total de deudas contra Hacienda o contra la Seguridad Social, si bien recientemente el Tribunal Supremo aceptó que pudiera perdonarse hasta un 70 % de tales deudas. Tampoco te va a permitir quitarte deudas por impago de pensiones de alimentos en favor de hijos menores.


¿Qué implica la “buena fe” que exige la LSO?

Las leyes suelen exigir de las personas que actúen de buena fe, y para este caso en particular, la buena fe implica lo siguiente: 

  • Que, antes de llegar a una vía judicial, intentemos un acuerdo fuera de los Juzgados.
  • Que no se haya acudido a la LSO en los últimos diez años.
  • Que durante los últimos diez años no nos hubieran condenado por delitos contra el patrimonio (robos, estafas, apropiaciones indebidas…), falsedad documental, delitos contra Hacienda o la Seguridad Social, o contra los derechos de los trabajadores.
  • Que no hubiésemos rechazado una oferta de empleo considerada adecuada a nuestras capacidades durante los últimos cuatro años.  Las leyes no aclaran qué se debe entender por “adecuada a nuestras capacidades”, así que dependerá de lo que un/a Juez/a entienda por “adecuado”.


¿Cómo puedo conseguir la cancelación total de una deuda con la LSO?

En primer lugar, esta Ley impone la necesidad de llegar a un acuerdo extrajudicial con tu entidad financiera para negociar unas nuevas condiciones de la deuda, pudiendo acordarse quitas y esperas parciales.

Una vez intentado el acuerdo extrajudicial, y si no hubiera éxito (que suele ser lo habitual), lo siguiente es solicitar la actuación del Juez. Si éste aceptara nuestra petición se iniciaría un periodo de cinco años durante el cual no se nos exigirá el pago de la deuda, pero aún no se habrá extinguido. Durante esos cinco años la entidad que nos prestó el dinero podrá solicitar que se revise nuestro caso para comprobar si hemos ocultado patrimonio o bienes o hemos mejorado nuestra situación económica hasta hacernos solventes.

Pasados los cinco años, y si nos hemos mantenido en la misma situación precaria, nuestra deuda quedará extinguida al 100 % y seremos libres para iniciar una nueva vida.

Si te encuentras en una mala situación económica, no tienes bienes en propiedad que puedan saldar tus deudas y crees que puedes cumplir con las condiciones para acogerte a la Ley de Segunda Oportunidad, lo mejor será que consultes con un Abogado especializado.

Ahora que empezarás a ahorrar es hora de dar el último paso, pero no por ello el menos esencial: aprender a gestionar y a invertir los ahorros.

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