Elabora un presupuesto doméstico para controlar tus gastos

Un presupuesto es un documento donde se recoge una previsión de ingresos y gastos para un periodo de tiempo determinado (generalmente, para cada año) y que sirve, entre otras cosas, para fijar unas expectativas de beneficios o de pérdidas. Eso, llevado al ámbito doméstico, se traduce en que te ayudará a resolver anticipadamente una duda: ¿terminaré el año ahorrando dinero o acabaré teniendo que endeudarme?

Sobre el presupuesto doméstico muchas páginas suelen invertir gran cantidad de líneas explicando cómo elaborar una hoja Excel super-hiper-mega-ultra completa. Pero con las aplicaciones de finanzas personales tan completas que existen me parece una pérdida de tiempo recurrir a otra que no sea a una de esas apps para hacer un buen presupuesto de gastos.


1. Aspectos principales del presupuesto doméstico

Al fin y al cabo, la utilidad real del presupuesto doméstico en tu día a día va a centrarse en lo siguiente:

  • Fijar límites de gasto en aquellas partidas con gastos variables (supermercado, restaurantes, ocio…).
  • Recordarnos pagos puntuales y que se nos podrían olvidar (el seguro del coche, el pago del IBI, una boda…).
  • Reflejar el resultado final según los ingresos y gastos previstos para averiguar si podremos ahorrar dinero y cuánto.


Registro de los ingresos previstos

En el presupuesto tiene que fijar lo positivo y lo negativo; los ingresos y los gastos. Siempre he hablado de controlar y registrar los gastos, pero no podemos descuidarnos con la previsión de ingresos porque, si pecásemos de optimistas, podríamos acabar confiando en un resultado positivo cuando, en realidad, lo que nos esperan son pérdidas y deudas.

Para evitar sobresaltos es mejor pecar de conservadores con los ingresos, así que como consejo personal, te diría que hicieras una previsión tomando en cuenta únicamente tus ingresos ordinarios o habituales, descartando cualquier tipo de gratificación o ingreso extra, incluso aunque tuvieras costumbre de recibirlos de cuando en cuando.

📍 Ejemplo:

A modo de ejemplo, no sería prudente tomar como ingreso previsible el que anualmente te regalase tu familia en tu cumpleaños o por navidad. ¿Y si este año no te regalan dinero? ¿O te dan mucho menos?


Fijar límites de gasto en los conceptos variables

Hay gastos cuya cuantía es la que es y difícilmente va a cambiar, al menos en el corto plazo (típico de un alquiler o los plazos de un préstamo con interés fijo).

La complicación viene a la hora de hacer estimaciones con aquellos gastos que no tienen una cantidad fija sino que dependen de otros factores (la cesta de la compra, los almuerzos y cenas fuera de casa, las copas con los amigos…), pero cuando llevas un tiempo registrando y clasificando todos tus gastos empiezas a hacerte una idea de cuánto vienes gastando en esos conceptos.

Precisamente por eso, tú mismo sabrás si tienes margen para reducir esos gastos y hasta dónde. Puedes establecerte límites y tratar de cumplirlos a rajatabla cada mes, pero de nada sirve si no eres realista con tus objetivos y previsiones.

📍 Ejemplo:

Antonio viene gastando una media de 200 € al mes en compras del supermercado. Algunos meses gasta menos (182,55 € el mes que menos ha gastado) y otros, pues más (230,18 €). En total, viene gastando unos 2.400 € al año en la cesta del súper.

Como ha estado haciendo una previsión de sus gastos durante varios meses, sabe que en diciembre su gasto en alimentación marca el máximo, mientras que en febrero y agosto, por el contrario, llega a los mínimos. Por eso, en su presupuesto, Antonio ha optado por fijarse un límite de gasto mensual de 190 € cada mes, que vienen siendo 2.280 € al año en total (son 120 € de diferencia, que se convertirían en ahorro si se cumplen sus previsiones).

Sabe que algunos meses estará por encima de esa previsión, pero confía compensarlo con otros meses donde gaste menos aún.

Ten presente que el presupuesto es un documento dinámico y sobre el que tendrás que ir haciendo cambios de vez en cuando para precisar y ajustar su contenido a tu realidad.


La anticipación a los gastos puntuales y previsibles

Hablamos de pagos que se producen una o dos veces al año pero cuya existencia sabemos con antelación, pues no son imprevistos: el IBI, el impuesto del coche (IVTM), pago de seguros, la matrícula de escolarización o de la Universidad… como ves, algunos son de cuantías para nada irrelevantes.

Conociendo la existencia de esos gastos y su cuantía (aun aproximada), dentro de tu presupuesto puedes apartarte cada mes una fracción (siempre que tu capacidad económica te lo permita) y gestionarlo así como un gasto más pero de manera prorrateada. O cuadrar las fechas para pagar esos gastos con alguna paga o ingreso extra que esté dentro de tus ingresos previstos.

📍 Ejemplo:

A lo largo del año Antonio tiene que pagar 300 € por la póliza de su seguro del coche, 480 € por el I.B.I., y 60 € en el impuesto de vehículos (I.V.T.M.). Si dividiera el total (840 €) entre 12 meses, como resultado obtendría que con apartarse cada mes unos 70 € ya tendría el dinero justo para cubrir esos gastos.

Por otro lado, Antonio cobra dos pagas extraordinarias (en junio y en diciembre) y ha sido capaz de cuadrar los gastos para pagar el I.B.I. con la extra de verano. Con ello, Antonio sólo tendría que apartarse 30 € al mes para guardar el dinero necesario para afrontar los otros dos gastos, que hacen un total de 360 €.


Previsión del resultado final: ¿ahorraré o perderé dinero?

Como ya mencioné al principio de esta entrada, el presupuesto sirve para obtener un resultado final, que será el correspondiente a esta sencilla operación:

Ingresos totales – Gastos totales

Cuando esa operación da como resultado un número positivo hablaríamos de ahorro, pero si da una cifra negativa, serían pérdidas. Y las pérdidas, si no hay ahorros, se convierten en deudas.

No deberías alarmarte si algún mes acabas con un resultado negativo, siempre y cuando en los meses anteriores haya sobrado dinero y tengas una cantidad ahorrada que te permita enfrentarte a los gastos de ese mes. Si el total del año es una cifra positiva, eso significa que tu previsión es de terminar con ahorros pese a que haya algún mes con pérdidas.

Si tu año termina en rojo, como te dije un poco más arriba, eso significa pérdidas. Pérdidas que supondrán una reducción de tus ahorros o, peor aún (si no tienes ahorros), una deuda que habrás de pagar. Si eso te ocurriese tendrás que actuar de una manera más drástica: buscar fuentes de ingresos extra o un nuevo trabajo, despojarte al máximo de tus gastos aunque suponga perder calidad de vida, plantearte cambiar de lugar de residencia para irte a un pueblo donde el coste de la vida sea más económico…


Y un extra: asume tu ahorro como un gasto más

Un consejo habitual entre algunos expertos es el de asumir el ahorro como un gasto más y, por tanto, recogerlo así en el presupuesto doméstico, como una previsión de ahorros. La idea es que aceptemos, ya nada más empezar el mes, que esa cantidad no estará disponible para nosotros y que su destino, sí o sí, va a ir destinado al ahorro.


2. La regla 50/30/20

La regla 50/30/20 poco a poco se ha ido haciendo popular en algunos países como sistema para gestionar el presupuesto doméstico. Quizá incluso ya la conozcas pero, por si acaso, te explicaré que esta regla viene a decirnos lo siguiente:

  1. Que el 50% de nuestros ingresos se destinará a los gastos básicos y primarios: pago de préstamos, alquiler o hipoteca; alimentación y suministros básicos; transporte para ir al trabajo, a la compra o al colegio; farmacia; etc.
  2. Que otro 30% de los ingresos se destinará a gastos secundarios pero que aumenten nuestra calidad de vida: ropa, entretenimiento, restauración y copas sociales, o cualquier otro capricho que quieras permitirte.
  3. Y por último, que el 20% restante irá dedicado al ahorro. Sin más.

Pese a todo, esta regla tiene difícil encaje en aquellos hogares donde los ingresos son limitados o escasos, en los cuales será complicado llegar a ese 20% de ahorro.

📍 Ejemplo:

Un hogar de dos personas que sigue con cierto rigor todos mis consejos para ahorrar viene teniendo un gasto en alimentación de 300 €/mes, más otros 100 €/mes en suministros básicos (luz, agua, teléfono e internet), 470 €/mes de hipoteca, 200 €/mes en combustible y transporte público para el desplazamiento de ambos al trabajo y a tareas esenciales, 50 €/mes en gastos prorrateados (seguro del coche, impuestos…) y apenas 100 €/mes en gastos que pudiéramos denominar «secundarios». En total, son 1.220 €/mes en estos gastos.

Ahora supongamos que entre ambos uno/a cobra 950 €/mes (el Salario Mínimo Interprofesional de 2020) trabajando a jornada completa, y la otra persona cobra 400 €/mes trabajando a jornada parcial. El total de ingresos es de 1.350 €/mes.

La proporción que nos queda es que en gastos básicos destinan el 82,96%, y su capacidad de ahorro es del 9,63%.

Si nos ceñimos estrictamente a la regla del 50/30/20, quedan lejos del 20% de ahorros. Podría parecer hasta un fracaso. Sin embargo, verlo así ocultaría el hecho (destacable) de que esta pareja está consiguiendo 1.560 € al año pese a sus bajos ingresos.


3. Seguimiento del presupuesto doméstico

El presupuesto doméstico es un plan financiero del que no puedes desentenderte si quieres cambiar tu situación económica en casa. Por ello debes adquirir la costumbre de consultarlo periódicamente (al menos, una vez al mes) y hacer las modificaciones oportunas si ves que no cumples con tus previsiones.

Las aplicaciones de control de gastos hacen esta tarea mucho más sencilla (y gráfica). Fíjate, por ejemplo, en esta captura de la aplicación para móvil Money Pro:



Como ves, la aplicación nos está indicando que hemos sido capaces de controlar nuestro gasto en «cenas» hasta casi un 50%, mientras que en «alimentos» nos hemos excedido en unos 30 euros el máximo esperado.

Otro de los errores garrafales para las finanzas domésticas es desentenderse completamente de lo que ocurre en la cuenta del banco. Por culpa de ello se nos pueden escapar «detallitos» que cuestan dinero (a veces, también disgustos), como los siguientes:

  • Cargos duplicados por error.
  • Comisiones bancarias desconocidas.
  • Cargos indebidos por suplantación de nuestras tarjetas.
  • Comisiones por saldo negativo.
  • Recibos de servicios o suministros que creíamos dados de baja.
  • Cargos de recibos que se nos habían olvidado (I.B.I., seguros…).
  • Gastos infravalorados o cuya existencia se desconocía por completo.

No es necesario que consultes tus cuentas a diario de manera obsesiva, pero sí que al menos adquieras la costumbre de hacerlo una vez por semana. Además, gracias a las nuevas tecnologías podrás hacerlo a través de internet, ya sea en la página web de tu banco o en su app para móviles, donde además podrás devolver recibos indebidos o bloquear tus tarjetas por robo o uso ilegal.

Lee también: ahorra dinero y tiempo haciendo tus trámites por internet.

¿Qué más puedes hacer? Si estás pagando préstamos o créditos, te interesará el siguiente paso: reduce y elimina tus deudas.

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