Reduce tus gastos y elimina los innecesarios

Ahora que cuentas con una visión detallada y (se supone) muy precisa de tu economía doméstica y habrás sacado tus propias conclusiones, es hora de empezar a recortar gastos.

A la hora de recortar tenemos dos opciones: hacerlo siguiendo un orden, y hacerlo a lo loco. Soy más bien partidario de la primera opción, por lo que te recomendaría el siguiente orden:

Para comenzar, empezaríamos recortando en aquellos gastos habituales y rutinarios como son las facturas, las compras del super o por internet (ropa, accesorios o lo que sea que compres), combustible, seguros, etc. La idea tiene su lógica: son gastos donde podemos alcanzar un ahorro importante con gestos que, realmente, no van a afectar a nuestra rutina diaria ni a nuestra calidad de vida (como cambiar de compañía o de tarifa, utilizar cupones de descuento, encontrar qué supermercado o qué gasolinera tiene mejores precios…).

Tras los anteriores, continuaríamos con los llamados «gastos hormiga», o como se conocen a aquéllos gastos que, pese a producirse en cantidades muy bajas (apenas unos céntimos o, como mucho, pocos euros), su frecuencia y habitualidad los convierten en gastos que al final de mes suponen varias decenas de euros gastados, así sin darnos cuenta.

Y en tercer lugar entraríamos en la parte más delicada: revisar aquellos gastos que relacionamos con una necesidad o con una mayor calidad de vida. A veces esa relación tiene sentido, pero otras veces (la mayoría, seguro) se les da más importancia de la debida cuando, en realidad, no nos aportan nada. O no tanto como se piensa.

Al margen de todo lo anterior, siguen existiendo una gran cantidad de gastos donde las posibilidades de recortar tienen algunos matices:

✔️ Hay gastos donde no podrás recortar a corto o medio plazo: préstamos, alquileres, servicios con un compromiso de permanencia… Esos gastos van a estar ahí durante un tiempo sólo se solucionan con dos cosas: ahorro y tiempo.

✔️ Hay gastos donde, más que recortar, el objetivo ha de ser el de eliminarlos totalmente: son todos esos gastos que no merece la pena mantener porque en nada mejoran tu calidad de vida y que, en ocasiones, mantenemos por simple pereza o desidia.

✔️ Y hay gastos donde debes situar en una balanza la posibilidad de reducirlos al mínimo y la pérdida de calidad de vida: cualquier tipo de capricho personal o familiar, gasto en ocio y viajes, restaurantes, actividades culturales o de otro tipo, ropa, videojuegos… Está en tu mano hacer un gasto razonable en esos conceptos.

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Busca el equilibrio entre disfrutar de la vida y ahorrar. Al fin y al cabo el ahorro se construye poco a poco, y hasta que alcances una cifra relevante transcurre un tiempo y una vida que no se detienen y que no debes perderte, porque no hay otra.


Empieza a recortar en tus gastos habituales

Con frecuencia solía leer artículos sobre finanzas domésticas donde comenzaban diferenciando entre gastos esenciales y no esenciales para, seguidamente, empezar metiendo el hachazo en los segundos. Sin embargo, era un método que me resultaba difícil de llevar a la práctica porque olvidaba un detalle fundamental: que hay gastos que, pese a no ser esenciales, aportan calidad de vida.

Y por eso mismo, si decidía comenzar por ahí, enseguida me rendía porque me costaba la misma vida dar el paso y empezar a recortar gastos. Y como nunca empezaba, nunca veía resultados.

En general, se consideran gastos imprescindibles los de alimentación, higiene, medicina, suministros básicos, el alquiler o la hipoteca de la vivienda familiar, o el transporte (público o privado) para desplazamientos inevitables.

A los cuales deben añadirse otros gastos que, pese a no ser tan necesarios, siguen siendo imprescindibles porque una Ley o un contrato nos obliga a pagarlos: otros préstamos y deudas en general, impuestos, seguros obligatorios como el del automóvil, servicios con periodo de permanencia, etc.

Decidir hasta qué punto se pueden recortar los gastos tratando de perder la menor calidad de vida posible va a depender de las circunstancias propias de tu hogar (el total de ingresos frente al total de gastos imprescindibles y tus objetivos de ahorro). Pero desde luego hay una máxima que debes tener clara en todo momento, y es ésta:

Cuando los gastos superan a los ingresos, o eliminas gastos o te buscas otros ingresos.

Respecto a todo ello, te propongo que le eches un vistazo a los siguientes artículos que he preparado para tí, con los que podrás ir recortando gastos tratando de influir lo menos posible en tu calidad de vida con los mejores consejos que podrás encontrar en internet y que de verdad funcionan:


Los gastos hormiga

Otro de los gastos donde puedes (o más bien, deberías) meter la tijera es en los llamados «gastos hormiga». Así se define a los gastos de poco importe, y generalmente en efectivo, que se van acumulando hasta suponer un gasto total al mes de varias decenas de euros sin darnos cuenta. 

Sin hacerte una lista detallada, esos gastos hormiga se pueden encontrar, por ejemplo, entre los siguientes:

  • Fritos, dulces, bollería industrial y cualquier otro tipo de comida basura.
  • Servicios adicionales innecesarios cobrados en las facturas de luz, teléfono o gas.
  • Botellines de agua o refrescos y aperitivos comprados en gasolineras.
  • Desayunos en cafeterías dentro del horario de trabajo.
  • Comisiones bancarias, por mantenimiento o retirada en cajero.
  • Tabaco, alcohol y otros productos de consumo perjudiciales para la salud.
  • Tickets de la zona azul o de un parking público.
  • La Quiniela, Primitiva o Euromillones que echas todas las semanas.
  • Esa botella de agua que compras en el gimnasio por no llevarte la tuya.

La única manera de detectar estos gastos y de averiguar su dimensión real es llevando un control estricto de todos y cada uno de los pagos que realices (ver Paso 1).

📍 Ejemplo:

Siguiendo con la persona de nuestro ejemplo, Antonio trabaja a jornada completa, cinco días a la semana. Acostumbra a tomarse un café a media mañana con sus compañeros de trabajo, y por ese café paga 1,50 €.

Dos tardes por semana va a clases de inglés. Aparca en zona azul, pagando 2,50 € por un ticket de dos horas, pese a que podría hacerlo en una explanada que está a unos minutos andando. Y tras las clases sale con sus compañeros a tomarse una cerveza en un bar próximo, donde le cobran 2,00 € por la bebida. Y también va tres tardes por semana al gimnasio, donde habitualmente compra una botella de agua de 1,5 litros, por la que paga 1,50 €, porque prefiere no llevarse una de casa.

Antonio sólo es consciente de que paga apenas “un par de eurillos” por cada cosa, viendo cada gasto de manera independiente. Sin embargo, si lo vemos en todo su conjunto, con una suma sencilla vemos que se ha gastado casi 90 euros en estos gastos aislados.

Pero ahora que es consciente, Antonio ha decidido dejar de aparcar en zona azul y llevarse la botella de agua de su casa. Lo cual le supone un ahorro en estos únicos conceptos de 42,75 €/mes, que vienen a ser 513 € al año.


Gastos que exigen una valoración personal

Como venía diciéndote, hay gastos que van a exigir una ponderación entre lo que nos aportan y la necesidad que tenemos de reducir gastos.

Precisamente por ello he preferido comenzar recortando en otros gastos, puesto que al llegar a este punto ya podrás hacerte una idea de hasta dónde has aumentado tu capacidad para ahorrar, y ello podrá animarte (o forzarte) a seguir recortando gastos. O todo lo contrario si crees que con lo que has conseguido recortar ya es suficiente.

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Siempre asumí que no estaba dispuesto a desprenderme de ciertos «caprichos» que suponen una idea esencial para mí: no vivo para trabajar, sino que trabajo para vivir. Esos gastos no son realmente esenciales para mi supervivencia, pero sí que lo son para no perder la cabeza llevando una vida que se reduzca a trabajar, comer y guardar dinero. Porque eso, sinceramente, no es vida.

Si quieres seguir adelante y recortar en otros gastos, más que la calidad de vida que puedan aportarte deberías sopesar dos razones más:

  • Su necesidad.
  • Tus posibilidades.


Las dos preguntas de oro: ¿de verdad lo necesito? ¿y lo necesito ya?

Las anteriores son dos preguntas que tratan la necesidad de un gasto desde dos puntos de vista distintos: necesidad real frente a necesidad inminente.

La necesidad real es la que hace inevitable afrontar un gasto, sin entrar a valorar su precio y las posibles alternativas del mercado: sea más o menos, hay que afrontar el gasto.

📍 Ejemplo:

Imagina que se te rompe la nevera y la única solución es comprar otra. Puedes elegir un modelo más económico o más caro, pero en todo caso vas a tener que gastarte dinero en comprar una nevera.

Por su parte la necesidad inminente nos impone la urgencia de hacer un gasto, por lo que, además de ser una necesidad real, es también una necesidad urgente e inaplazable. Tenemos que afrontar el gasto y lo tenemos que hacer de manera inmediata.

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No hacen falta unas habilidades especiales para detectar cuándo un gasto es necesario e inminente (un impuesto, un tratamiento médico o veterinario o una avería en casa o en el coche). Sin embargo, sí tenemos que prestar atención a aquéllos gastos que convertimos en necesarios sin que realmente lo sean. Y aquí destaca un sector en especial: la ropa.


No vivas por encima de tus posibilidades

Por supuesto, otro factor que nos lleva a gastar más de la cuenta es esa pretensión de ostentación, o de querer aparentar una vida más lujosa o relajada de la que realmente se tiene.

E incluso a veces caemos en el error de estar viviendo por encima de nuestras posibilidades sin ser plenamente conscientes de ello. De hecho, tú mismo podrías estar viviendo por encima de tus posibilidades sin saberlo, así que hazte a tí mismo las siguientes preguntas:

  • ¿Tendrías dificultades para afrontar un gasto extraordinario e inesperado a la vista de tu situación actual?
  • ¿Has reducido considerablemente tu capacidad de ahorro mensual por comprar bienes o servicios de cualquier tipo (viajes, por ejemplo) financiados a plazos?
  • ¿Has tenido problemas para pagar un recibo o un gasto básico en tu situación actual o crees que existe alguna posibilidad de que eso pueda ocurrir a medio o largo plazo?
  • ¿La suma total de lo pagado en préstamos, créditos y otras deudas es superior al 40% de los ingresos netos del hogar?

Si puedes responder con un «sí» a alguna de las preguntas anteriores es hora de hacer un ejercicio de reflexión para asumir que quizá estás viviendo por encima de tus posibilidades, y empezar a actuar en consecuencia aceptando que hay bienes que están fuera de tu alcance por su precio o coste, por más que te pese.


Evita la inflación del estilo de vida

En relación al punto anterior, el concepto de inflación del estilo de vida (del inglés Lifestyle inflation) viene a resumir en pocas palabras el acto de incrementar el coste de la vida a medida que aumentan los ingresos, para acabar casi en la misma situación (si no peor) que antes de ese aumento.

Imagínate que el día de mañana, sea porque cambias de trabajo o porque tu empresa te sube el sueldo, en lugar de cobrar 1.200 €/mes vas a pasar a cobrar 1.750 €/mes. ¿Crees que seguirías manteniendo el mismo nivel de vida y serías capaz de ahorrar esos 550 € de diferencia?

Lo normal es que no. Quizá los primeros meses seas capaz de ahorrar ese dinero, pero poco a poco irás asumiendo que tienes más dinero disponible para disfrutar, y tenderás a abrir la mano en gastos corrientes y donde, en realidad, no está justificado que gastes más dinero.

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Suele ocurrir con el gasto en comida, ocio, o cualquier tipo de capricho personal como ropa, libros, productos de belleza o videojuegos. Y paradójicamente también suele acabar derivando en un mayor endeudamiento, puesto que ahora resultará más fácil conseguir financiación para compras de alto importe o para contratar préstamos personales.

Hay que evitar que una subida de ingresos acabe quedando en nada por aumentar en paralelo los gastos, y para ello es importante tener muy presente todo lo que estoy contando en este artículo.

¿Cuál es el siguiente paso? Pues ahora que habrás reducido gastos, y para evitar que el hecho de tener más dinero disponible te lleve a gastar más en otros gastos que hasta ahora tenías controlados, toca hacer un presupuesto doméstico.

1 comentario en “Reduce tus gastos y elimina los innecesarios”

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